Que alegraba siempre el corazón...
No me acuerdo exactamente los años que tenía, unos 7 u 8, pero de lo que si me acuerdo es de las sensaciones que tuve cuando fui por primera vez.
El circo solamente venía a mi ciudad en las fiestas de San Juan y San Pedro, como un espectáculo especial, claro está todos los niños queríamos ir, aquello era inusual y nos pasábamos todas las fiestas diciendo a nuestros padres:
¡¡Quiero ir al circo!!
Comenzó el gran espectáculo y empezó a salir mucha gente, personas que volaban por el cielo ¡¡Que miedo!! Me acurrucaba a mis padres mirando de reojo y cerrando un poco los ojos por si se caían, cuando oía que la gente aplaudía, volvía a abrirlos, el susto había pasado. Los malabaristas que hacían cosas muy raras con objetos, los mantenían en el aire sin caerse, hacía que mantuviese la boca abierta sorprendida de esa magia que desprendía; todo esto con las consiguientes preguntas:
¿Por qué no se cae papá? ¿Son mágicos?



¡¡Mira mamá que grandes!! ¡¡Huele muy mal!! ¿Y por qué tiene esa nariz tan grande? ¿Y por qué pisan tan fuerte?
Solo hacía que preguntar una y otra vez, los nervios no me dejaba parar en la silla.
Y entraron los tigres y los leones, pusieron una jaula y les metieron allí, otra vez tenía miedo me agarré al brazo mi madre y no la soltaba, esos gruñidos tan raros que emitían, esas bocas abiertas, esas zarpas, y una persona sola delante de ellos con un látigo que no dejaba que se acercasen a él, hubo un momento que dejó el látigo y abrió la boca de un león y el domador metió su mano en su boca.
Y llegó lo que más esperaba ¡¡Los payasos!! Eran muchos e iban vestidos muy raros, con prendas grandes y de muchos colores, unas pelucas rizadas y una nariz redonda roja, la cara pintada con una sonrisa muy, muy grande. Decían muchas cosas que nos hacían reír, y seempujaban unos a otros, se caían, pero no se hacían daño.
¡¡Anda que pantalón más feo!! ¡¡Mira que zapatos!! ¿Y por qué lleva esa nariz? ¿No tienen boca para pintársela?
Como siempre preguntaba y preguntaba y me reía a carcajada limpia y uno de ellos se acercó a donde estábamos nosotros y le vi de cerca ¡¡Mira, mira, que viene!! Les decía a mis padres, estaba fuera de mí. No quería perderme nada de lo que veía.
Y la función acabó, salieron un desfile de las personas que habían actuado y que nos habían mandado a un mundo desconocido, lleno de ilusiones, de risas, de llantos y de emociones que hasta ese momento eran desconocidas para mí. Disfruté de cada cosa y de cada momento vivido dentro de ese gran recinto llamado CIRCO.
Hoy en día estas pequeñas ciudades sobreviven por todo el cariño y empeño que ponen cada una de las personas que participan en estos espectáculos, hay mucha competencia para poder ver o disfrutar, pero a mí me queda el recuerdo imborrable de esa primera vez que mis padres me llevaron al circo.
El último al que he ido es “El circo del sol” Es otro concepto diferente, pero espectacular, lleno de auténticos atletas que nos siguen trasladando a paraísos desconocidos... También me quedé con la boca abierta y con esa sensación de miedo cuando hacen algo peligroso; lo que aquí me faltaba era esa inocencia, y esa candidez hacía lo desconocido.
No dejéis de llevar a vuestros hijos a este mundo de ilusión, con su inocencia seguro que será un día para recordar.